Cuando una persona empieza un proceso de coaching, suele tener una meta a alcanzar, ya sea profesional o personal. Esta meta marcará los objetivos de las sesiones, guiará todo el proceso y dará la media del éxito del coaching; pero, además, en todo proceso de coaching profesional, ocurrirán más cosas.

  • Aumenta la sensación de control personal. 

Cuando nuestro cerebro funciona en piloto automático, es decir casi todo el tiempo, nos hace ver el mundo de una manera concreta. El ahorro de tiempo y de energía determina en qué cosas ponemos atención y que cosas ignoramos poniéndolas en un segundo plano. Las preguntas en coaching, nos hacen cambiar el foco y ver más facetas y relaciones de las situaciones que nos acontecen. Este aumento de la información, al hacerla consciente, aumenta nuestra sensación de control, y nuestras posibilidades de acción, claro.

  • Aumenta la proactividad y la asunción de responsabilidad. 

Tanto si es un sesgo perceptivo como si es un estilo de vida victimista o dominado por las excusas, el poner la responsabilidad fuera de nosotros es incompatible con el coaching. Los objetivos que se trabajan sesión a sesión, han de estar dentro del círculo de influencia del coachee, esto es condición “sine qua non” para el coaching. El resultado de centrarse todo el rato en lo que está en nuestras manos, supone responsabilizarnos de “la parte que nos toca” en las situaciones que vivimos y nos pone en la situación de “agarrar el toro por los cuernos”, es decir, ser proactivos.

  • Aumenta la actitud positiva:

El coaching se centra en aquello que quieres conseguir, no en los problemas o dificultades que tienes. Estos puede ser un punto de partida para definir hacia dónde quieres ir pero el trabajo en las sesiones se centra en la meta, en lo que se quiere, hacia adelante. Si el coachee es positivo esto se reforzará y si no lo es, empezará a desarrollar la habilidad en las sesiones y, después, fuera de ellas.

  • Aumenta la automotivación:

Si ves que puedes hacer cosas concretas para mejorar tu vida o tu forma de vivirla, te entran ganas de hacer más y más. Activas tu poder personal y te apetece afrontar nuevos retos, o retos que has ido postponiendo por “falta de tiempo” (que suele ser falta de motivación).

  • Aumenta la autoestima:

Como resultado de todo lo anterior, te sientes más contento contigo mismo. Aumenta tu satisfacción personal. Te valoras más porque eres capaz de emprender acciones que te acerquen a tus objetivos, te quieres más.

Así se entiende ¡por qué nos encanta esta profesión! ¿verdad?